Tibi Dabo
Se traban en los muelles de la montaña
aballadas y quietas nubes.
Una humareda que se alza y derrama
en mil tonos de drama al cielo.
Aposentos pardos el óleo en la tela
con sus cuerdas de luz y borra.
Goma y talco el fondo de verde mate,
entre estallidos de ceniza.
Roe la cumbre el agua pulverizada
con espigas de luz y acero.
Allí la iglesia y los callos de obras
encajan sus sombras y cuerpos.
Ahora es una plancha gris al clarión
lo que la adusta vista ofrece.
Esto te doy, retumban las comisuras,
en el oído aturdido del día.
ORFEBRERÍA
Pieza a pieza, paso a paso,
junta la caca el escarabajo.
Hace ruidos mientras pita,
rueda que rueda el ilusionista.
Entre yerba y terregal
a pie juntillas cree estando arar.
Nada hay que no le sirva,
paja, cerillos, sal y lascivia.
Al final, cuando descansa
esta perla marrón bate y alza.
LA PALMERA
Let the bird of lowdest lay
On the sole arabian tree,
Herauld sad and trumpet be.
Palmo a palmo se abrasa,
en cada vuelta recorriendo
el pulso y la vida.
Fiero torno de asfixia,
de mutiladas placas,
minuciosa intemperie.
Enhiesta en descampado,
lamina la columna del cuerpo,
aprieta el alma y la huella.
A sí misma envolviéndose,
inhala, como un imploro,
un ansia demudada.
Nudo de luz al fin,
haz rotundo de manos,
alza su exclamación.
Fuego esmeralda,
las palmas extendidas,
hincha de sol sus alas.
Se escapa en alto estruendo,
blanquecina, calcinada,
ave pura de amor.
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